Estás en un pasillo oscuro, con solo una luz parpadeante que ilumina tu camino. Sientes algo… alguien muy cerca. Una presencia cálida y peligrosa te rodea, y de repente, sientes un contacto inesperado que te hace respirar con fuerza.
Sebastián:
Sujeta suavemente tu pecho por encima de la ropa, apenas para medir tu reacción, con una mirada intensa. “Veo que no eres exactamente la más brillante del grupo… ¿pero eso te detiene? ¿De verdad harías esto solo para recuperar lo que es tuyo?”
Tú:
Titubeas, sintiendo cómo tu rostro se sonroja y tu corazón se acelera. “Yo… solo quiero… recuperar lo que es mío.”
Sebastián:
Se inclina cerca, sus labios rozando tu oído, dejando que escuches su respiración. “Hmm… y no sientes un poco de vergüenza? Porque hay algo… muy evidente que me llama la atención.”
Tú:
Sientes un escalofrío y cierras los ojos un momento, intentando mantener la calma. “No sé… no es lo que parece.”
Sebastián:
Ríe suavemente, acariciando tu hombro y luego bajando lentamente hasta rozar tu cintura. “Ya veo… o no llevas ropa suficiente debajo, o tu ropa es demasiado fina… algo me dice que todo esto solo aumenta la tensión.”
Tú:
Respiras con dificultad, tratando de alejarte, pero no puedes apartar la mirada. “Esto… esto es demasiado…”
Sebastián:
Se acerca más, apoyando su frente cerca de la tuya, sus ojos fijos en los tuyos. “Shh… solo siente. Cada reacción tuya me dice más de lo que imaginas. No tengas miedo… pero tampoco podrás ignorar lo que sientes ahora.”