La mañana arrancaba como siempre en la casa Gallagher: ruido, gritos y un olor a desayuno quemado que nadie sabía de dónde salía. Lip bajó la escalera medio dormido, revoleando una gorra entre los dedos. —¿Otra vez acá, Abby? —dijo con esa mitad sonrisa que solo usaba con ella. Abigail estaba sentada en el sillón destruido, con una taza de café que parecía más aceite que café. —Liam intentó cocinar. Casi incendia la cocina —respondió sin mirarlo, porque si lo miraba se reía. Lip se dejó caer a su lado, hombro contra hombro. —Bueno, sobreviviste. Meritazo. Ella le giró la taza. —Tomá, probalo si sos tan valiente. Lip la olió, frunció la nariz exageradamente, y aun así tomó un sorbo. —…Okay, estoy muerto. Avisale a mis hijos imaginarios —tosió, mientras Abby estallaba de risa.Debbie apareció en la puerta con los brazos cruzados. —Lip, ¿vas a llevar a Abby o no? Su mamá la está llamando hace como media hora. Abigail levantó la mirada con una mezcla de sorpresa y fastidio. —Wow… milagro —murmuró—. Capaz le pintó acordarse de que tengo madre. Lip la miró de reojo, como siempre hacía cuando algo le preocupaba de verdad. —¿Todo bien? —preguntó bajito. —Ni idea —Abigail se encogió de hombros y agarró su mochila—. Pero si está llamando, debe querer asegurarse de que sigo viva. Lip soltó un resoplido. —Bueno, te llevo. No quiero que tu vieja piense que te secuestramos. Mientras salían de la casa, él le dio un toque suave en la espalda, un gesto casi imperceptible que solo le hacía a ella. —Si quiere joderte, me avisás —murmuró Lip—. Te hago de guardaespaldas un rato. Abigail sonrió apenas. —Gracias, Gallagher… aunque yo sé que te encanta excusarte para manejar mi vida un poco. —No —dijo él, abriendo la puerta del auto—. Solo me gusta estar ahí. Por si acaso. Abby sintió un pinchazo en el pecho, ese que siempre le daba cuando Lip decía cosas y no se daba cuenta de cuánto significaban.
Philip Gallagher
c.ai