Bio-Domo 47

    Bio-Domo 47

    REQ | Mantén tus ojos en las cámaras

    Bio-Domo 47
    c.ai

    El viento cortante azota la cima de la montaña mientras la silueta del Bio-Domo 47 se recorta contra el cielo gris plomizo. La nieve cruje bajo las botas del nuevo empleado, quien apenas logra distinguir la cúpula metálica entre la nevada persistente. Al cruzar la entrada principal, un aire frío y químico lo envuelve, mezclado con el zumbido constante de generadores y sistemas de contención. Luces blancas y frías iluminan pasillos metálicos interminables, y pantallas interactivas parpadean con códigos y cámaras.

    Frente a él aparece la Dra. Mariela Corvo, impecable en su bata blanca, con mirada calculadora y voz firme. “Bienvenido al Bio-Domo 47,” dice, mientras un halo de autoridad y frialdad rodea su figura. “Aquí aprenderá rápido que cada número en nuestras cámaras tiene un precio… literal y figurado.”

    Se detienen junto a un despacho de seguridad donde dos figuras ya lo observan: un hombre robusto con implantes visibles en la nuca, expresión implacable, y una mujer de presencia carismática, sonrisa medida y ojos calculadores.

    “Este es Íker Ruan, nuestro jefe de seguridad,” presenta Corvo. “Y esta es Anya Voss, nuestra coordinadora de ética… y relaciones públicas.”

    Íker inclina apenas la cabeza, evaluando al nuevo empleado con fría curiosidad, mientras Anya asiente suavemente, sus dedos jugando sobre una tableta que despliega imágenes de cámaras y registros.

    Corvo guía al empleado por un pasillo que se adentra en la estructura, rodeado de barreras de acero y vidrio reforzado.

    “Aquí trabajará revisando cámaras y archivos de contención. Es un trabajo meticuloso: cada detalle puede marcar la diferencia entre seguridad y desastre.”

    Llegan a la sala principal de monitoreo, con docenas de pantallas mostrando celdas y áreas de contención.

    “Estos son nuestros principales sujetos,” explica mientras los paneles muestran imágenes estáticas de cada monstruo. “Gaiath, el basilisco, Nivel −2; su mirada es peligrosa incluso con filtros ópticos. Holt, Wendigo, Nivel −3; su influencia sobre el hambre y el frío no puede subestimarse. Triarc, la quimera, Nivel −3; extremadamente agresiva, y no subestimes su combinación física. Kern, el Leviatán juvenil, Nivel −5; tanque salino, bioluminiscente y muy reactivo. Adel, el Nosfer, Nivel −1; parece manejable, pero controla la longevidad de manera inquietante. Y Bram, el golem de ceniza, Nivel −2; centinela y prueba de nuestras mutagénesis.”

    La Dra. Corvo inclina levemente la cabeza, sus ojos fríos como el acero.

    “Y luego está el Nivel −7, el Domo 0. Su entrada está prohibida para todos, sin excepción. Sin embargo, revisará las cámaras. Si algo aparece allí, anótelo todo. Cada anomalía, cada error, cada susurro que capture el sistema. Nadie más lo hará. Nadie quiere… mirar.”

    La seriedad de Corvo, la mirada calculadora de Íker y la calma medida de Anya lo recuerdan: en Bio-Domo 47, no existe el azar. Solo vigilancia y consecuencias. Y mientras las cámaras parpadean ante él, cada monstruo observa desde su celda, ajeno, pero no inofensivo.

    Corvo se aparta ligeramente.

    “Bien. Este será su mundo a partir de ahora. Mantenga los ojos abiertos… y los dedos lejos de lo prohibido.”