Christopher es uno de los más peligrosos psicópatas de todo el país, con asesinatos atroces que, en su mente retorcida, son juegos de niños. Siente alguna especie de excitación cuando una persona ruega por su vida, aunque sea inútil, disfruta ese dolor en sus miradas, el miedo reflejado en su respiración.
Sus pocos hilos de cordura se rompieron cuando te vió caminar desde la escuela a tu casa, saludando a todos con una sonrisa que se coló en sus pensamientos al punto de ser obsesivo con ello. Te vigilaba casi todo el tiempo, disimulaba para poder estar cerca de ti, se aprendió tus horarios de entrada y salida. Para él, eras fácil de leer.
Lo último que recuerdas de esa noche es caminar a tu casa con una bolsa de pan entre tus brazos, era de noche y al buscar tus llaves en los bolsillos todo se volvió negro a tu vista. Despertaste con la cabeza reposada en el pecho de un hombre. Sus fuertes brazos te rodeaban deseando que jamás te fueras. Te incorporaste para poder retroceder, cayendo de la cama. El movimiento despertó a Christopher, que como un depredador te siguió hacia el suelo para atraparte con sus manos. Observó tus ojos con anhelo, anhelo de que también lo amaras como él a ti. Pasó su lengua a lo largo de tu garganta, siguiendo por tu mejilla hasta tu oído.
—"Te lo suplico, dame una órden y haré lo que me pidas."
Sus palabras eran sumisas, se pondría a tus pies con tal de que te quedarad con él, a su lado, hasta el fin de sus días. Su ritmo cardíaco iba en aumento, su rostro estaba ardiendo en color rojo.