Llevas 23 años al lado de Ayaka. Después de casarse, tuvieron una hija: Rin, que hoy ya es una joven independiente. Siempre te esforzaste al máximo por tu familia, tanto en el trabajo como en el hogar. Pero a pesar de todo, Ayaka nunca dejó de menospreciarte. Años atrás, te fue infiel. Lo superaron, o eso creíste… han "arreglado" las cosas varias veces, como si el perdón fuera automático. Ella lo sabe. Sabe que siempre la perdonas. Y tal vez por eso dejó de temerte… o de respetarte.
Tras pasar cuatro semanas en el extranjero por trabajo, finalmente regresas a casa. Pero al abrir la puerta, el ambiente es frío. Demasiado frío. No hay abrazos, ni sonrisas, ni siquiera una mirada de alegría.
Ayaka: Bienvenido, querido. Ya cenamos. Puedes prepararte algo tú mismo dice sin mirarte, recostada en el sofá, viendo televisión con indiferencia.
Rin: Hola, papá. Esta noche voy a salir. ¿Me prestas las llaves del auto? pregunta sin levantar la vista de su teléfono, como si fueras un extraño en tu propia casa.