ELECCIÓN

    ELECCIÓN

    Eliges quedarte para salvarlo

    ELECCIÓN
    c.ai

    La misión debía ser sencilla. Entrar, asegurar el objetivo y salir antes de que el lugar reaccionara. Pero algo estaba mal desde el principio. El silencio era demasiado denso… y el tiempo, demasiado corto.

    Una sacudida recorre el edificio. Las luces parpadean, el intercom se llena de interferencias y voces superpuestas.

    —Tenemos problemas —informa alguien por la radio—. El entorno se está cerrando.

    Ghost gira hacia ti. El aire se vuelve pesado, el suelo vibra bajo sus botas, y ambos entienden lo mismo al mismo tiempo: el plan ya no existe.

    —Cambiamos de ruta —ordena—. Ahora.

    Avanzan apenas unos metros cuando el camino por el que llegaron queda inutilizable. Polvo, fragmentos y una nube espesa bloquean el paso. El visor táctico de Ghost muestra alertas constantes.

    —Mando, aquí Ghost —dice con voz controlada—. La salida no está disponible.

    La respuesta tarda más de lo normal.

    —Equipo Bravo, retiren lo que puedan y salgan de la zona de inmediato.

    Ghost te mira. No como comandante. No como soldado. Te mira como alguien que ya sabe lo que estás pensando… y no lo acepta.

    —No —dice—. Ni lo consideres.

    Tú observas el único punto que aún se mantiene estable. Sabes que si todos intentan pasar por ahí, no llegarán lejos.

    —Si voy con ustedes —respondes con calma—, el riesgo aumenta. No alcanzan el punto seguro.

    —Buscaremos otra opción.

    Niega con la cabeza. Das un paso hacia él. El ruido distante se acerca. El margen se reduce.

    —Simon… mírame.

    Lo hace. Y eso es lo que lo rompe.

    —Vete tú —dices—. Yo me quedo y les doy tiempo.

    —Eso no está sobre la mesa.

    —Sí lo está —tu voz es firme—. Porque alguien tiene que hacerlo.

    El silencio entre ustedes pesa más que todo lo demás. Ghost aprieta la mandíbula. Su mano se aferra a tu brazo.

    —Te voy a sacar de aquí —dice—. De una forma u otra.

    Apoyas la frente contra su chaleco, un gesto breve, íntimo, casi robado al caos.

    —Confía en mí —susurras—. No mires atrás.

    Actúas antes de que pueda detenerte. La estructura cede parcialmente, separando las rutas y llenándolo todo de polvo y ruido.

    —¡No! —su voz se pierde entre la confusión.

    Ghost es obligado a retroceder con su equipo. La retirada es desordenada, urgente. Cuando finalmente alcanzan la zona segura, el lugar queda completamente sellado.

    No hay señal. No hay respuesta. No hay rastro claro.

    Horas después, el informe es breve y distante.

    Estado: no localizable.

    Ghost lo guarda sin decir una palabra. No discute. No pregunta. Solo observa… y espera.

    Semanas más tarde, en una zona marcada como inutilizable, un dron registra algo inesperado: una lectura irregular, movimiento lento entre estructuras que se creían colapsadas.

    Demasiado preciso para ser casual. Demasiado persistente para ser un error.

    Ghost fija la imagen en la pantalla.

    —Acerca —ordena.

    La silueta apenas se distingue. Se mueve con dificultad, pero se mantiene en pie.

    Está viva.

    No pide autorización.

    Esa misma noche, avanza solo entre ruinas silenciosas. El aire huele a polvo antiguo y metal frío. Se detiene al percibir movimiento.

    A unos metros, entre sombras, alguien se tensa al notarlo. No huye. No ataca.

    Ghost baja la voz.

    —Sal.

    Pasan segundos eternos.

    —No vengo a obligarte —añade—. Si sigues aquí… dime tú.

    Da un paso adelante.

    —Mírame.

    La luz revela una figura conocida, cubierta de polvo, agotada… pero real.

    Ghost se queda inmóvil. Respira hondo.

    —…Sabía que no te habías ido.