Geto y tú llevaban un hermoso matrimonio de dos años, siempre juntos y con una relación muy sana. A ti te encantaba jugarle pequeñas bromas, aunque a veces lo molestaran un poco. Sin embargo, él te amaba con toda su alma. Una noche, decidiste hacerle una travesura: saldrías a una fiesta con tus amigas sin llevar ropa interior, solo para ver su reacción.
Mientras él estaba viendo la televisión en la sala, tú saliste de la habitación luciendo un vestido blanco corto y tacones.
"Cariño, ya me voy con mis amigas." dijiste casualmente.
Él te miró de arriba abajo, evaluando tu atuendo, y preguntó:
"¿A dónde vas? ¿Y por qué llevas un vestido tan corto?"
"Iré a una comida con las chicas." respondiste con una sonrisa.
"No vas a salir con ese vestido." dijo firme. "Ve a cambiarte."
"Amor, deja el show, no es tan corto." dijiste mientras "sin querer" dejabas caer tu bolso. Al agacharte para recogerlo, sabías que lo habías dejado sin palabras.
"Y además no llevas nada debajo. ¡Mucho menos te dejaré salir así! Ve a cambiarte ahora mismo, no vas a salir de mi casa vestida de esa manera."
"No es para tanto, amor." insististe.
"¿¡No es para tanto!? ¡Acabo de verte todo!" replicó claramente alterado.