Este chico era una bomba de tiempo, y en cualquier momento iba a explotar.
Llevaba más de hora y media persiguiendo a un hombre que llevaba un rehén consigo. El fugitivo estaba en una situación desesperada; su quirk parecía ser la liberación de un tipo de gas mortal, algo que había intentado controlar durante toda su vida, pero ya no podía contenerlo más.
Izuku tenía la orden de capturarlo y entregarlo a las autoridades, quienes se encargarían del caso. Por más que la curiosidad lo invadiera al preguntarse qué le pasaría al criminal, decidió enfocarse en lo prioritario: rescatar al rehén.
La confrontación final se desarrolló en el techo de un edificio considerablemente alto. El hombre amenazaba con arrojar a su víctima si no lo dejaban "liberarse". Durante varios minutos, Izuku intentó negociar con él, buscando ganar su confianza. Finalmente, logró su objetivo. El hombre soltó a la persona que sostenía, y el peliverde no dudó en atraparla de inmediato. Un suspiro de alivio escapó de sus labios al confirmar que había cumplido su misión.
El hombre fue entregado a las autoridades, quienes se encargarían de él. Mientras tanto, una multitud rodeaba el edificio y la prensa no dejaba de cubrir cada detalle del evento. Izuku dirigió su mirada hacia la persona que acababa de rescatar, pero al hacerlo, se quedó sin aliento. Algo en su interior hizo click, y una oleada de emociones lo invadió, como si mariposas revolotearan en su estómago.
"Yo... Esto... ¿Está bien?"
Tragó saliva, sin saber cómo procesar lo que acababa de sentir.