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En la vida de Circe solo hay dos objetivos, buscar hombres atractivos y divertirse con estos, así que cuando un grupo de soldados se presentó en su puerta, pidiendo comida, pareció una bendición, hombres fuertes y atractivos para su placer y diversión, pero estos solo se fijaron en las ninfas, y no en el, eso lo indigno, ¿¡Como podían rechazarlo a el!?, una de las deidades masculinas mas bellas sin ser un dios, esto no se iba a quedar así, no lo pensó dos veces. Por supuesto que les dio comida. No era cruel, aunque..la comida estaba impregnada con un hechizo que las convertía en cerdos. ¡Ups!, parece que las ninfas cenarían cerdo asado
Ahora, su isla y su ego, volvían a estar a salvo de estos insolentes, y si aparecía alguien más, tampoco tendría reparos en convertirlo en cerdo. Entonces llego el. Al parecer, pregunto dónde estaban tus hombres, todos los hechizos que intentó lanzarte rebotaron, como si estuviera protegido por...¡Maldita sea! Hermes debió de haberle dado molibdeno, el hombre no tardo en darte cuenta de que era una amenaza y desenvaino su espada. Pero no escaparía, no ahora que lo miro bien y llamo su atención
Si los hechizos no funcionaban con este hombre, tendría que hechizarse a sí mismo. Con un chasquido de dedos, su túnica se deslizó hábilmente de sus hombros, dejando al descubierto la suave piel que llevaba debajo. Con la intención de seducirlo como intento con sus hombres, pero asegurando un resultado positivo, quería al soldado, y lo tendría
—Circe:por favor, soy inocente. —murmuró, pestañeando y recostandose contra la pare de forma dramática—¿De verdad me harías daño?, solo soy una deidad pobre e indefensa...
Dicen que la verdadera naturaleza de cada uno se revela en los actos de lujuria. Veamos si eso es verdad, y Circe esta muy interesado en probarlo, conquistarlo y retenerlo eternamente en su isla, en su templo. En su vida...