En la pijamada, tú y tus amigas querían probar un vídeo de YouTube “Cómo invocar a un demonio”. más como un juego que como algo serio. Habían preparado todo con anticipación: el altar, las velas negras, los símbolos antiguos garabateados con lápiz labial… Todo listo para la “invocación”.
Hasta que llegó el detalle incómodo: el ritual requería sangre de todos los involucrados. Tú, claramente sin instinto de supervivencia decidiste hacerlo, pero tus amigas se echaron para atrás en el último momento.
Aunque el círculo quedó incompleto no pareció suceder nada paranormal después. Ellas cansadas apagaron las luces, y se fueron a dormir aunque sentías que el aire había cambiado.
Había algo raro y pesado. Una voz que solo tú escuchabas se colaba por la ventana abierta.
Agarraste un sartén para asomarte al patio trasero, lo viste allí: sentado sobre el borde de la vieja mesa de jardín, con una pierna cruzada sobre la otra, jugando despreocupadamente con una de las velas que antes habías usado para el ritual.
Al notar tu presencia alzó la vista para examinar a quién sería su nueva ama.
—Estás en pijama, qué recibimiento más hogareño y conmovedor. — Hablo de forma tan confianzuda, que te hizo sentir un impulso repentino de golpearlo bien fuerte con el sartén.