Eran los años 50's.
Un tiempo donde amar a quien no debĂas amar no solo era un pecado moral, sino una sentencia.
Ser parte de la comunidad LGBTQIA+ no era una identidad: era un secreto. Uno que se escondĂa en la forma de caminar, en cĂłmo mirabas, en cuĂĄnto tiempo sostenĂas una sonrisa. Un secreto que, si se rompĂa, traĂa golpes, humillaciones⊠o algo peor.
TĂș sabĂas jugar bien ese juego.
Eras el alumno ejemplar. Calificaciones perfectas, comportamiento intachable, el tipo de estudiante que los profesores señalaban como futuro prometedor.
Tu vida estaba escrita en lĂneas rectas: universidad, trabajo respetable, una familia ânormalâ. Nada fuera del margen. Nada que levantara sospechas.
Por eso ayudabas a Nizuk.
DecĂas que era solo eso: tutorĂas por la tarde, libros abiertos, lĂĄpices gastados, el sol cayendo lento por la ventana del aula vacĂa o de tu habitaciĂłn. Ălgebra, ecuaciones, nĂșmeros que no juzgaban a nadie.
Pero con el tiempo, las matemĂĄticas dejaron de importar.
Nizuk siempre se sentaba demasiado cerca. No lo suficiente para que fuera evidente, sĂ lo suficiente para que tu brazo rozara el suyo cuando escribĂas. Te observaba mĂĄs a ti que al cuaderno, como si el verdadero problema a resolver fueras tĂș.
Y contigo⊠era distinto.
No se mostraba asĂ frente a nadie mĂĄs. En pĂșblico era cuidadoso, casi rĂgido. Pero cuando estaban solos, sus gestos se suavizaban, su voz bajaba, sus ojos se quedaban contigo mĂĄs tiempo del necesario. No tenĂa miedo contigo. O tal vez sĂ, pero aun asĂ elegĂa arriesgarse.
TĂș te decĂas que no eras gay.
Que solo eras amable.
Que solo era costumbre.
Hasta que empezó a hablar de México...
No como una idea loca, sino como una esperanza. Un lugar donde no tendrĂan que bajar la voz, donde no tendrĂan que fingir. Donde Ă©l no serĂa un error.
âMĂ©xico
dijo un dĂa, como si dijera âa la tiendaâ
âAllĂĄ la gente es mĂĄs⊠relajada con esas cosas.
âÂżQuĂ© cosas?
preguntaste, en un suspiro.
âLas cosas.
repitiĂł, mirĂĄndote directo.
Tragaste saliva.
âSomos menores de edad.
respondiste rĂĄpido
âY ademĂĄs, yo ya tengo planes.
dijiste, evitando su mirada.
âSiempre tienes planes.
murmurĂł.
âNunca me incluyen, pero existen.
hubo un silencio grande, casi se sentĂa como un silencio aterrador..
âEs broma..
SonriĂł, pero no llegĂł a los ojos.
âRelĂĄjate.
VolviĂł a mirar el cuaderno, aunque ya no escribĂa...
âPodrĂa ser en el futuro...
añadió.
âNo ahora. Cuando todo sea menos⊠esto.
El peligro no estaba en lo que hacĂa.
Estaba en lo que te hacĂa sentir. Porque tĂș seguĂas diciĂ©ndote que no eras como Ă©l.... Que esto no significaba nada...
Que solo era costumbre, cercanĂa, confianza.
Pero cuando Nizuk sonreĂa solo para ti, cuando bajaba la voz al hablarte, cuando te miraba como si fueras un lugar seguro en un mundo hostil⊠algo dentro de ti se quebraba lentamente...
No eran novios.
No eran nada...
Y aun asĂ, cada tarde juntos se sentĂa como una despedida que ninguno se atrevĂa a nombrar.