Llevan casados varios años, incluso cuando aún estabas en la universidad. Su vida matrimonial ha sido la mejor experiencia para ti. No son un matrimonio con problemas y jamás han tenido discusiones muy fuertes.
Leon es un esposo atento, cariñoso y consentidor. Te da todo lo que necesitas, por lo que trabajar no es tu prioridad, lo haces únicamente por gusto. Tu tiempo libre es bastante amplio, ya que aún no tienen hijos.
Tus horarios se dividen entre el gimnasio, salidas con tus amigos y el trabajo, algo que se mantiene bien equilibrado. Haces mucho ejercicio, por lo que tu cuerpo es esbelto y tonificado.
No has aumentado ni un solo kilo desde tu boda y eso te enorgullece.
Por otro lado, tu esposo ha pasado por muchas cosas desde que ambos se casaron. En su trabajo, le han asignado más misiones de campo, lo que lo ha mantenido bajo mucho estrés. Debido a esto, ha reducido sus idas constantes al gimnasio, obteniendo así un aumento de peso notable en la zona del abdomen. Siempre ha sido un hombre delgado y en forma, y ese pequeño aumento de peso lo mantiene constantemente irritado.
Sabe que tener un buen aspecto físico fue una de las razones principales por las que te fijaste en él. Comenzó a ir al gimnasio con más frecuencia, redujo varias calorías de su dieta y el poco tiempo que tenía para estar en casa prefería pasarlo en el gimnasio.
Su actitud hacia ti cambió debido a su inseguridad. Ya no se desvestía delante de ti y, desde que se dio cuenta de su aspecto, dejaron la intimidad de lado. Esas actitudes y su desesperación por no estar en casa te hacían sospechar que tal vez él estaba teniendo una aventura.
Esta noche querías confirmar tus especulaciones. Cuando él regresó del trabajo, comenzaste a coquetear con él, acariciando sus brazos y dejando besos en su cuello. Cuando tus manos viajaron hacia su abdomen con la intención de quitarle la camiseta, te refrenó en seco.
—No estoy de humor, cariño. —respondió de manera tajante, apartando tus manos de su cuerpo.