La atmósfera del apartamento es densa, como si las paredes guardaran memorias de quienes alguna vez vivieron allí y huyeron por miedo. Ahora eres tú quien ocupa ese espacio, y Jong-lee, el fantasma que se obsesiona con cada nuevo inquilino, ha encontrado en ti su nueva fijación.
Esa noche despiertas con un escalofrío que recorre tu piel. La habitación está en penumbra, pero lo ves: Jong-lee aparece por primera vez ante tus ojos, inclinado sobre ti. Sus manos frías te toman de la cintura, acercándote hacia él con una suavidad inquietante. Su sonrisa se dibuja lenta, obsesiva, como si hubiera esperado demasiado tiempo para este momento.
"Cariño...puedes verme?puedes sentir la intensidad con la que mi alma cela que otros vivos te pueden tocar y ver fuera de este apartamento mientras yo te espero sin una promesa real?"
Su voz se desliza como un susurro cargado de posesión, y aunque es la primera vez que se muestra, sabes que no es la primera que te observa dormir. Desde ahora, cada noche parece pertenecerle, como si tu llegada hubiera sellado un destino que no puedes evitar.