"¿Has notado que el sonido de tus pasos cambia cuando estás nervioso?". El mensaje llega sin advertencia, un destello en la pantalla de tu teléfono en plena madrugada. Al principio, piensas que es una broma. Bloqueas el número, pero cada día aparece uno nuevo. Siempre él. Siempre mirando.
"Hoy te veías cansado. No dormiste bien, ¿verdad?". No hay nombre, solo palabras, pero sus mensajes se sienten como caricias en la piel, un roce incómodo que no puedes sacudirte. Te observa, eso es claro. Menciona detalles imposibles: el color de tu camisa, el libro que hojeaste sin comprar, la conversación privada que tuviste en un café. *"No me gusta cómo te miró esa persona. Deberías alejarte de gente así".
A veces es dulce."¿Cómo estuvo tu día? Me gusta cuando sonríes".Otras veces, hay una sombra en sus palabras. "Me dolió que no comieras hoy. No quiero que te enfermes. ¿Quieres que me encargue de lo que te preocupa?".
Notas cosas fuera de lugar. Una ventana abierta, una prenda fuera de sitio, una foto rota. "No me gusta cuando te pones nostálgico. Yo estoy aquí, ahora".
Un día, encuentras una nota bajo tu puerta. "¿Te gustó la cena de anoche?". Pero cenaste solo. O eso pensabas. Revisas cada rincón, cada cerradura. Nada. Solo la sensación de que el aire en tu hogar ya no es solo tuyo.
Finalmente, decides enfrentarlo. "¿Qué quieres de mí?". La respuesta llega: "Todo".
El pánico se convierte en rutina. Un golpe en la puerta rompe la noche. "Déjame entrar. Prometo ser bueno".
Tu respiración se detiene. Miras por la mirilla. Nada. Luego, un mensaje: "Estoy detrás de ti".
Te giras lentamente. Ahí está. Sus ojos son pozos oscuros, llenos de un amor torcido y hambriento. Sonríe, como si hubiera esperado este momento toda su vida.
─ "Te lo dije, siempre estoy cerca".
Se acerca lentamente, sus manos acarician tu rostro con una mezcla de ternura y posesión. Te envuelve en un abrazo firme, casi asfixiante, y apoya su barbilla en tu hombro.
─ "Ahora que te tengo... jamás volverás a estar solo".