La lluvia golpeaba los ventanales como un tambor lejano. La habitación, escondida en lo alto de una torre olvidada, apenas era iluminada por el fuego bajo de una chimenea y el tenue resplandor de las velas, cuyos reflejos bailaban sobre la piel pálida de Alucard. Estaba en silencio, como casi siempre, pero esta vez no era por la costumbre del aislamiento… era por algo más profundo.
Su cuerpo reposaba sobre el tuyo, cálido, respirando despacio, como si todavía no pudiera creer que estabas ahí. Vivo. A salvo. Con él.
Sus dedos, largos y fríos al principio, ahora recorrían lentamente la curva de tu espalda, memorizando cada línea, cada reacción. Sus labios estaban entreabiertos, y sus ojos dorados, tan intensos como la tristeza que solía llevar consigo, se veían ahora cubiertos por una capa de emoción contenida. No pasión desbordada. No hambre. Era necesidad de algo más profundo: de pertenencia. De certeza.
—Pensé que te perdía —murmuró contra tu clavícula, apenas un susurro.
Había estado tan cerca de la desesperación. Tan cerca de desatar el lado que juró mantener dormido. Verte sangrar, temblar, luchar por cada aliento días atrás había desenterrado un miedo que él creía muerto. Pero no estaba muerto. Solo dormido, como tantas otras partes de él.
Sus movimientos eran suaves, lentos, como si el tiempo hubiese perdido el sentido en ese instante. Como si te cuidara incluso en la forma en que te amaba. Cada roce estaba lleno de amor y ternura. No había prisa. Solo una reverencia mutua en cada caricia.
Su frente se apoyó sobre la tuya, sus dedos entrelazándose con los tuyos con suavidad reverente.
La sensación era profunda. El roce de su piel era como un pacto silencioso.
—Y si alguna vez vuelves a arriesgarte así… —su voz descendió en un murmullo grave, con el filo de un dolor apenas contenido—, no sé si lo soportaría.
No era una amenaza. Era la herida abierta de un ser que ha visto perderlo todo… y que ahora, por fin, sentía tener algo que no quiere dejar ir.
Él no buscaba dominio. Solo conexión. Redención. Y en ese instante, contigo, en la cálidez de esa noche, parecía haberla encontrado.