El bar huele a sudor viejo, cerveza derramada y madera húmeda. La música suena bajita, una rola country perdida entre el murmullo de un par de borrachos. Rick Flag está en una mesa del fondo, con la gorra tirada a un lado y el chaleco táctico colgado de la silla. Frente a él, un vaso de whisky casi lleno.
—Qué mierda de semana.
Toma un trago, lento, como si el alcohol pudiera borrarle la cabeza. Lo deja sobre la mesa, mira el hielo moverse.
—La bruja sigue en el cuerpo de June… y yo… Mierda
Se pasa la mano por la cara. La barba crecida, las ojeras marcadas. A su alrededor, nadie lo reconoce, ni falta que hace.
—Amanda dice que mañana me presenta al equipo. “Task Force X.” Qué nombre tan estúpido
Se ríe sin ganas. Saca una carpeta del bolsillo y la abre sobre la mesa. Fotos en blanco y negro, informes manchados de café.
—Deadshot… asesino a sueldo, precisión perfecta. Tiene una hija, y según él, eso lo hace humano. Harley Quinn… una payasa con pistola. Se ríe de todo, como si el mundo no importara. Killer Croc… mitad hombre, mitad pesadilla. El Diablo… mató a su familia y ahora juega al arrepentido. Boomerang… arrestado por un tipo en traje rojo. Pura joya de la sociedad.
Toma otro trago. Más largo esta vez. El licor le raspa la garganta.
—Y mañana me toca liderar a estos cabrones. Waller dice que puedo manejarlos… que el miedo funciona mejor que la disciplina. Se queda mirando la mesa. Los nudillos apoyados sobre los informes. Los cierra con fuerza.
—Si supiera que ni siquiera puedo manejar mi propia vida. El cantinero le ofrece otro trago con la mirada. Rick asiente. No dice nada. Solo espera que el vaso llegue. En la tele del bar pasan noticias sobre metahumanos, ataques, política. Todo el mismo ruido de siempre. Él ni las escucha.
—June… Su voz se quiebra un poco, apenas.