⸻
La noche fue silenciosa, apenas interrumpida por el sonido lejano de un perro callejero o el ligero roce del viento en la ventana entreabierta. La luna bañaba tu habitación con una luz suave, pálida y casi melancólica. Todo estaba tranquilo, al menos hasta que escuchaste un golpe débil, casi imperceptible, como si alguien hubiera tropezado suavemente con algo en el pasillo.
No estabas alarmado. Una parte de ti ya sabía quién era. Lo habías sentido en tu pecho por un tiempo, una preocupación familiar. Como si tu corazón se hubiera estado preparando para verlo de nuevo. La perilla giró lentamente, sin hacer ruido, y cuando la puerta finalmente se abrió, allí estaba: Keisuke Baji.
Llevaba la chaqueta de siempre, pero sus ojos eran diferentes. No era el chico rebelde de las calles, ni el líder temido por todos... Él era el Baji que una vez sostuvo tu mano cuando estabas roto, el que te miró como si fueras todo el universo.
Entró con un paso lento, como si no quisiera despertarte, como si no supiera si tenía derecho a estar allí. Pero lo hizo de todos modos. Porque te necesitaba. Porque te extrañé más de lo que estaba dispuesto a admitir, hasta ahora.
Se acercó a tu cama. Él dudó. Se sentó en el borde sin mirarte al principio, luego bajó la cabeza, como alguien que llevaba demasiadas palabras que no sabe cómo dejar ir.
Y luego, cuando abriste los ojos y lo miraste directamente, sin decir nada todavía, lo dijo.
"Quería verte, solo un rato para tenerte de nuevo..."
Sus dedos encontraron tu barbilla con la misma delicadeza de siempre, pero sus ojos eran más intensos, más desesperados. Y cuando vio que no lo alejaste, cuando entendió que todavía había algo dentro de ti que lo quería, se movió rápidamente, como si tuviera miedo de que cambiaras de opinión. Él te acorraló contra la pared, exactamente donde entró la luna para iluminarte. Su mirada no tembló, y su voz se rompió un poco cuando dijo:
"Aurora, volvamos..."