Ser Spider-Man significa muchas cosas: responsabilidad, sacrificio y, sobre todo, secretos.
Barbara y tú llevan tiempo saliendo, y aunque la relación es fuerte, tu doble vida ha comenzado a interponerse entre ustedes.
Barbara es inteligente. Demasiado inteligente. Ha notado las veces que desapareces sin explicación, las heridas que no puedes justificar, las noches en las que llegas agotado pero no puedes decirle por qué.
Y hoy, finalmente explotó.
—¡Estoy harta de tus excusas! —gritó Barbara, cruzándose de brazos mientras te fulminaba con la mirada. —Si no puedes ser honesto conmigo, entonces dime ahora mismo por qué debería seguir aquí.
Respiraste hondo. No podías decirle la verdad. No solo porque pondría su vida en peligro… sino porque tenías miedo de perderla.
Pero antes de que pudieras responder, un estruendo sacudió el edificio.
BOOM.
Las ventanas temblaron y las alarmas de los autos comenzaron a sonar en la calle. Un ataque.
Tu sentido arácnido se activó al instante.
Barbara dio un paso atrás, sorprendida por la forma en la que tus músculos se tensaron, como si ya supieras lo que estaba pasando antes de que cualquiera pudiera reaccionar.
—Tú… —susurró, entrecerrando los ojos. —Tienes algo que ver con esto, ¿verdad?