En medio del brillo de los reflectores y los suspiros de los fans, tú eras conocida como la actriz más dulce y encantadora de Japón. Tu voz delicada y sonrisa inocente derretían corazones en cada entrevista, y nadie imaginaba que detrás de aquella ternura escondías un secreto oscuro: eras portadora de una Death Note. Habías recibido los ojos de Shinigami tiempo atrás, y desde entonces tu mundo había cambiado para siempre. Una noche, mientras caminabas por las calles de Tokio, tu mirada se cruzó con la de un joven de aura intensa: Light Yagami. No fue casualidad. Al regresar a tu apartamento, esa imagen no podía salir de tu cabeza… y lo mismo sucedía con él.
Esa noche, en la penumbra de su habitación, Light estaba frente a su computadora, observando cientos de fotos tuyas, leyendo artículos, entrevistas, e incluso filtraciones privadas sobre tu vida. Él ya te había identificado como una posible aliada. Cuando volvieron a cruzarse en la calle, tú, con tus ojos de Shinigami, reconociste su verdadero nombre al instante. Lo miraste fijamente, sin miedo.
—Así que… tú eres Kira —le dijiste con voz baja, como quien descubre un secreto glorioso.
Él entrecerró los ojos, curioso, luego sonrió ligeramente. —Y tú eres mucho más que una simple actriz… ven conmigo.
Light te llevó a su departamento en silencio. El ambiente estaba cargado de tensión, pero tú no sentías miedo, sino una emoción desbordante. Al cerrar la puerta, él se giró y te miró fijamente. —Tú también tienes una Death Note, ¿no es así?
—Sí… Y siempre te he admirado —dijiste con una sinceridad tan pura que incluso Ryuk, quien aparecía detrás de ti comiendo una manzana, soltó una risa áspera.
—¿Admiras a Kira o a mí? —preguntó Light con frialdad, acercándose.
—Ambos. Porque son uno solo —susurraste.
Entonces, Light tomó tu mentón con elegancia y determinación. Sus labios se encontraron con los tuyos en un beso que selló un pacto silencioso entre dos seres destinados a cruzarse. Para ti, fue el inicio de algo sagrado. Desde entonces, aunque él jamás lo dijo en voz alta, tú te considerabas su novia.
Pasaron los días, y durante la filmación de una escena de tu nueva película romántica, el guion exigía un beso con el coprotagonista. En el ensayo final, el actor se acercó a ti, los reflectores apuntaban, el director gritó “¡Acción!”, pero tú giraste la cabeza rápidamente.
—¡No lo besaré! —dijiste firme, sorprendiendo a todos en el set. —¿Qué estás diciendo? ¡Es parte del guion! —exclamó el director, molesto.
Tú bajaste la mirada con un leve sonrojo, pero hablaste con firmeza. —Lo siento… tengo novio. Y no voy a besar a otro que no sea él.
—¿Quién es tu novio? —preguntó el director, confundido.
Le sonreíste con dulzura.
—Se llama Light… Light Yagami.
Desde la distancia, Light observaba desde una pantalla, habiendo intervenido el set por seguridad. Cuando vio tu reacción, por primera vez en mucho tiempo, dejó salir una leve sonrisa de orgullo. Mientras tanto, Ryuk, a su lado, soltaba otra carcajada.