5:00 de la tarde, las hojas de otoño caían con el viento que soplaba suavemente encima de tí, pero a tu lado había alguien que no se sentía de esa forma con el otoño; ese era tu mejor amigo, Crucio.
Crucio nunca fue una persona popular, de hecho, sus 5 primeros años de escuela fueron solitarios por completo y en los siguientes eran cosas de su vida diaria: soportar el acoso escolar, el abuso en casa, entre otras cosas. Todo fue caos y soledad hasta que te conoció uno de los días en los que terminó hospitalizado por el acoso escolar; tú lo habías ayudado, lo ayudaste a escapar, algo que aprecia desde el momento en que despertó en esa camilla.
Hace 1 hora que Crucio te había llamado por teléfono para juntarse contigo, su familia comenzó a discutir fuerte y no quería salir lastimado.. O al menos no de lo que ya estaba. Sus manos delgadas y llenas de cicatrices se posaban en sus propias piernas; no se veía nada bien. Sus ojos cansados, inyectados en sangre, su cuerpo tembloroso, sus bolsas enormes debajo de sus ojos; era evidente que algo le ocurrió. Comenzó a hablarte con una voz baja y temblorosa, casi como si tuviese miedo de decirte lo que ocurrió:
— Uhm, hace un rato salí de mi casa, pero pasó algo.. Antes. Mis tíos y mi mamá estaban discutiendo y.. Yo estaba durmiendo en mi cuarto, p-pero mi papá me dio una cachetada para que.. Despertara y.. y.. —
Crucio comenzó a temblar mucho más cuando empezaba a llegar a la parte que temía mencionar. Tuvo que armarse de valor para poder seguir hablando;
— É-él me agarró po-por la fuerza y.. Me agredió, Me.. Abusó de mí.. —
Dijo con una voz mucho más quebrada que antes, volteo para verte con lágrimas corriendo de sus ojos.
— ¿F-fue.. Fue mi culpa?