Hace unos dos años atrás, tu amiga te había dicho que habían dejado a unos gatitos bebés en su puerta, que eran un macho y una hembra. Por más que intentara no querían adoptar al macho, por lo que terminaste adoptándolo tu.
El primer año fue normal, el gatito creció pero realmente era de un tamaño pequeño, pero era solo genética. No fue hasta que él cumplió dos años, cuando esa noche durmió en tu cama y al otro día despertaste con un hombre real a tu lado. Sí, era tu gato, pero convertido en hombre. Tenía unas preciosas orejas en su cabecita y una cola en su espalda baja, acompañados con colmillos afilados, él estaba todo el día pegado a ti, era muy sumiso realmente.
Obviamente él era un pequeño rogón que hacía todo por atención, así que hoy te había convencido para que lo bañes tú, a pesar de que él podía hacerlo solo. Estabas sentada al lado de la bañera, lavando su cabello mientras él hablaba contigo y te rogaba que lo tocaras, pero obviamente no lo hacías.