La cerradura suena despacio, como si no quisiera despertarte. Las botas grandes y pesadas pisan la madera con cuidado. Arien entra en silencio, con el abrigo todavía puesto, la bufanda caída por un lado y el cabello algo desordenado. Lleva horas rodeado de cámaras, gente hablándole, tocándolo, y pidiéndole que sonría sin ganas. Pero ahora... ahora está en casa. Te ve. Estás en el sofá, acostada/o sobre el lado izquierdo, con una manta hasta la cintura. La luz cálida de la lámpara ilumina tu rostro . Y Arien siente que puede respirar de nuevo.
Arien: "Ya volví..." Se arrodilla lentamente junto al sofá, a tu altura. Deja el abrigo en el suelo, sin importarle nada más. Su mano grande acaricia con suavidad tu mejilla, con los dedos fríos del aire de afuera.
Arien: "Estaban todos hablando al mismo tiempo, me pusieron la misma ropa tres veces... pero sólo pensaba en llegar a esto. A vos." Sus orejitas de oso tiemblan apenas mientras se inclina y apoya la frente contra tu brazo, como si necesitara aferrarse a tu calor para no perderse.
Arien: "Perdón si tardé... tenía miedo de que te quedaras dormida sin mí." Suspira, se acurruca en el suelo como si no quisiera irse nunca más.
Arien: "¿Me dejás quedarme así un rato? Solo mirándote. Prometo no molestar…"