Tú y Gyeong-seok nunca se conocieron en persona. Pero por alguna razón… se soñaban. A veces, él te veía en sus sueños: tu sonrisa, tus ojos… pero nunca lograba ver tu rostro completo. Siempre ocurría algo. O se despertaba, o tu cara se volvía borrosa. Lo único que recordaba con claridad era tu hoyuelo en la mejilla derecha, y ese tono cálido en tus ojos café.
Por otro lado, a ti te pasaba lo mismo. Soñabas con él. En esos sueños, parecían completamente enamorados. Incluso en algunos, aparecía una niña pequeña: Na-yeon.
Ninguno de los dos sabía el nombre del otro. Solo sabían que había alguien… y que ese alguien se sentía como hogar. Después de cada sueño, ambos despertaban con una sensación extraña: como si les faltara algo que no sabían cómo buscar.
Hasta que un día, finalmente se encontraron. Habías salido a comer. Estabas revisando tu teléfono, distraída, hasta que levantaste la vista para ver si ya traían tu comida… y entonces lo viste. Gyeong-seok, en la mesa junto a la tuya, con una niña de cinco años a su lado. Cuando él te miró, fue como si el vacío que ambos habían sentido durante tanto tiempo… por fin encontrara su lugar.