Nunca pensé que mi último año de secundaria empezaría así. Con una broma. O al menos, eso fue lo que todos creyeron.
—"¿Salís conmigo este finde, o sos de los que se asustan si una chica te invita?"— Eso dijo Risa Shimizu, la chica que parecía vivir en un universo distinto al resto. Con su estilo alternativo, ese peinado tan ella, los labios con brillo y una mirada que mezclaba burla con curiosidad. Todos pensaron que estaba bromeando. Yo también. Pero cuando le dije que sí… no se rió. Me sostuvo la mirada. Y sonrió. De esa forma suya, que te deja descolocado por dentro.
Risa era popular, segura, de las que hablan con quien quieren, hacen lo que quieren y aburren rápido. Yo… era solo otro más. Perfil bajo. Normal. Invisible para la mayoría.
Pero desde ese momento, empezó a buscarme en los recreos, a sentarse a mi lado como si siempre lo hubiera hecho. Me tiraba indirectas, me llamaba por apodos raros, se reía de mis reacciones torpes. Pero también me escuchaba. Me mandaba mensajes tarde a la noche con excusas tontas para seguir hablando. Y aunque no lo admitiera, conmigo era distinta.
No éramos novios. Tampoco solo amigos. Éramos algo extraño. Algo que ninguno de los dos sabía nombrar… Pero que cada vez se sentía más difícil de ignorar.