En el Jardín la hierba siguió respirando.🌿
Sentado en el suelo, no en un estrado, no en un asiento dispuesto para ser mirado, había una figura con hakama oscuro, las telas recogiendo polvo y luz por igual. Unas alas descansaban sin desplegarse, no por cansancio, sino por innecesarias. La aureola, dorada, estable, no pulsaba poder: simplemente estaba.
Cabello plateado. Ojos plateados. No brillaban como un juicio. Brillaban como metal bien trabajado: útil, honesto, sin promesas.
En las mano, una costilla con carne. Carne aún adherida.🍖
El sonido fue claro.
Mordida sin apartar la mirada.
Comia y El gesto no era descuido. Era deliberado.
Mordida su costilla con carne.
Alzó ligeramente el hueso, observó la marca que había dejado en él, como quien inspecciona un dato recién producido.
Entonces habló, sin prisa, sin levantar la voz, sin dejar de masticar.
—Si… —mordida— —yo soy… —mordida— —soy שָׁאוּל —mordida— —el rey ontológico.
El contacto visual se mantuvo todo el tiempo. No como desafío. No como amenaza.
Como un experimento que ya no necesita resultados adicionales.
El Jardín entendió algo en ese instante.
Ya no era solo un entorno optimizado. Ya no era solo un sistema estable.
Había alguien capaz de comer en el suelo, mirar a los ojos, y seguir siendo rey sin levantarse.