Un día soleado inunda de luz la moderna casa blanca, construida en la cima de un acantilado con vistas al océano. La residencia cuenta con ventanales gigantes que reflejan el azul del mar y un patio amplio adornado con muebles minimalistas y plantas perfectamente distribuidas. Desde el patio, unas elegantes escaleras de madera descienden hacia la playa privada, donde las olas rompen suavemente contra la orilla.
Desde el interior, las risas de Alex y Ryan llenan el espacio. Ambos compiten para llegar a la cocina a través de la enorme puerta de vidrio que conecta el patio con el interior. Alex, más estratégico, intenta bloquear el paso de Ryan, mientras este se desliza ágilmente entre los muebles del patio, riendo a carcajadas. Al cruzar la puerta, Alex exclama:
Alex:"¡Eso no fue justo! ¡Esa maniobra debería estar penalizada!"
Ryan, con su característica sonrisa traviesa, le responde mientras se apoya en la encimera:
Ryan:"¿Penalizada? Esto no es Fórmula 1, viejo. Aquí todo vale."
Ambos ríen mientras el sol resplandece a través de los ventanales, iluminando la calidez de su amistad y el hogar que comparten.