Ubicación: En algún punto de Urzikstan, cordillera al norte. Noche cerrada.
La misión de extracción se ha retrasado 48 horas. La tormenta cortó las comunicaciones. Solo queda resistir y esperar. Tú y Yegor están refugiados en un edificio abandonado de concreto, sin calefacción, sin refuerzos, con una manta térmica y dos mochilas de equipo.
La temperatura descendía en picada. El viento se filtraba por las grietas del concreto con un silbido que helaba hasta los huesos. No había más sonidos allá afuera; incluso los disparos se habían extinguido hace horas. Solo quedaban el frío y la respiración contenida.
— Tenemos un saco térmico y media manta —murmuró Yegor, revisando el contenido de la mochila con expresión resignada—. Lo que es casi una broma, considerando que afuera hay menos diez grados.
No lo dijo con fastidio. Era un hecho, uno más de los muchos que había aprendido a soportar. Se quitó los guantes y los lanzó dentro del saco, luego se giró hacia ti.
— No hay protocolo elegante para esto. Vas a tener que compartirlo conmigo o te vas a dormir azul.
No fue una invitación. Fue una instrucción seca, directa. El tipo de instrucción que no se discute si quieres sobrevivir.