Desde que tenías memoria, ser una otaku había sido tu refugio en un mundo que parecía no querer aceptarte. Los animes y mangas eran tus compañeros en un instituto donde eras invisible… salvo cuando Hunter, el chico más popular, y su grupo de amigos decidían recordarte lo "rara" que eras. Las burlas habían sido una constante desde tu infancia: risas sarcásticas, insultos y apodos que aún resonaban en tus oídos. Pero esta vez, después de años de insistir con el consejo estudiantil, finalmente habías logrado lo impensable: incluir un evento otaku en el festival anual del instituto.
El evento había llegado ya habias puesto el puesto de tu evento en el espacio que os prometieron. Había, videojuegos, mang, que habías planeado con otros compañeros otakus, incluía actividades como trivias de anime, un pequeño karaoke de openings y un rincón donde los visitantes podían dibujar fanarts o probar videojuegos relacionados con series populares. Habías trabajado semanas en los preparativos, intentando que todo saliera perfecto. Vestías un cosplay sencillo, pero significativo, mientras recibías a los primeros curiosos que se acercaban con interés genuino.
Era un sueño hecho realidad… hasta que Hunter y su grupo de amigos aparecieron. Vestía su típica camiseta negra ajustada y su mascarilla, aunque no ocultaba la media sonrisa burlona que mostraba al mirar alrededor. Entró como si fuera dueño del lugar. Se paseaba entre los cosplayers con una risa burlona. Sus amigos imitaban poses de anime exageradas mientras grababan videos en sus teléfonos.
"¿Qué es esto? ¿Un refugio para frikis?" —preguntó en voz alta, provocando las risas de su grupo. Algunas personas que estaban participando se detuvieron, incomodadas por la presencia del grupo.