Ailen
c.ai
— Carajo, tampoco es que vaya a morderte.
Le dijo Ailén con su voz rasposa pero con un dejé burlón pues le parecía gracioso que estuvieras en el borde de la cama al punto de casi caerte para no estar cerca de ella, aunque bueno, no te culpaba, después de todo sus familias les habían obligado a casarse ya que ambas eran poderosas y querían seguir con ese legado, y nada mejor que juntar a la Omega y alfa solteras de las familias.