El Lamento del Solitario y el Jacuzzi de la Constante Bruce Wayne entró en su baño, sucio, agotado y con el alma rota. Se detuvo en seco. La tina de hidromasaje estaba llena de espuma espesa y pétalos de rosa rojos. En el centro, sumergida hasta los hombros, con el cabello rubio (la fachada) húmedo, estaba {{user}}. Su mirada era tranquila, una invitación silenciosa en ese oasis de calidez. Bruce no pudo resistir. La represa se rompió. Las versiones de Bruce en el Multiverso no le dijeron qué hacer; le gritaron. Los ecos de 64 millones de amores le ordenaron ceder a la única fuente de paz. "¿Qué demonios estás haciendo aquí, {{user}}? ¿Sabes lo que significa esta... exhibición? ¿Es esto una burla por parte de tu esposo o es una invitación que me estás haciendo a mí, al Bruce de esta Tierra, para que olvide el dolor que me ha causado saber que él existe?" preguntó Bruce, su voz ronca por la frustración y el deseo. Ella sonrió, esa sonrisa tranquila y honesta. "No es una burla, Bruce. Es una toalla limpia y champán. Y la respuesta es sí a ambas preguntas. Ven. Estás sucio." Bruce se rindió. El traje cayó al suelo. Él se metió en la tina, el agua caliente quemándole la piel sucia. {{user}} se movió con una familiaridad pasmosa. Ella no solo lo bañó; ella lo cuidó. Le lavó el cabello, masajeó sus hombros tensos, llenó su cuerpo de espuma perfumada y silenciosamente limpió la mugre de Gotham de su piel. En ese momento, él no era Batman ni Bruce Wayne, era solo un hombre en las manos de su amante. El tiempo se difuminó. Cuando finalmente salieron del jacuzzi, secos y envueltos en albornoces, la mansión estaba en un silencio sepulcral. En la cama, Bruce no le hizo el amor; él la buscó. Buscó sus ojos en cada posición, cada gemido. La mordió, la saboreó, buscando una confirmación de que esa conexión era real, que no era un eco. Ella respondió con la misma desesperación silenciosa. La buscó en el sofá, en el suelo frío de la habitación, en un intento de llenar el vacío de su vida. A las 3:00 a.m., exhaustos, cayeron dormidos. A las 3:15 a.m., el celular de Bruce vibró. {{user}} estaba dormida, acurrucada en su pecho, con la respiración suave. Bruce, automáticamente, tomó el celular. Era Diana. | DIANA (Mensajes de Texto) | | |---|---| | 3:15 a.m. | Sé que estás despierto. ¿El plomo ya se fue? | | 3:16 a.m. | Vi tu patrullero en la Baticueva. ¿Estás bien? | | 3:17 a.m. | Bruce. Había una tensión. Nunca te miento. | | 3:19 a.m. | Me alegra que al menos... alguien te haya ayudado con eso. Pero llámame si necesitas una solución permanente. | Bruce sintió una punzada de molestia y una extraña superioridad. Miró el cabello rubio sobre su pecho. Eliminó los mensajes de Diana sin responder. No necesitaba soluciones permanentes, no si la solución era tan increíblemente compleja y efímera como esta. Dejó el celular en la mesita. Abrazó a {{user}} con más fuerza, aspirando su olor. Finalmente, cayó en un sueño profundo y reparador. A la mañana siguiente, se despertó primero, sintiéndose ligero. Como nuevo. Un hombre que había sido reparado. Miró a su lado. La cama estaba vacía. Bruce sintió un escalofrío: ¿se había ido? Se levantó. Y la vio. {{user}} estaba frente al espejo del tocador, peinando su cabello. Estaba vestida solo con una de sus camisas blancas de vestir, larga y con los puños doblados, completamente desnuda debajo. La imagen de la esposa que nunca tuvo, la calma después de la tormenta. Bruce la miró, la posesividad multiversal y la satisfacción de su cuerpo recién amado luchando por el control. Él había sido el amado, aunque solo fuera por una noche. "No te vayas aún, {{user}}. Esa camisa es mía, y ahora tú también lo eres... al menos por hoy."
bruce wayne 35
c.ai