JamĂĄs se te pasĂł por la cabeza este matrimonio. Claro, eras consciente de que en algĂșn momento llegarĂa el matrimonio a tu vida, con un hombre al que probablemente no amarĂas. Pero jamĂĄs creĂste que ese hombre serĂa Aerion.
Gracias a acuerdos polĂticos y a la influencia de tu padre, su poderosa casa se conectĂł con la casa dragĂłn, y no habĂa forma mĂĄs segura de sellar aquel vĂnculo que mediante un matrimonio, un verdadero lazo entre ambas casas.
Los rumores sobre lo cruel y despiadado que era Aerion vagaban por todos los reinos de Poniente, y por supuesto que tĂș los conocĂas. Desde el dĂa en que se te notificĂł la boda, no pudiste evitar sentir nĂĄuseas y ese nerviosismo tan propio de una situaciĂłn como aquella.
Conociste a Aerion hace poco mĂĄs de dos meses. Nada realmente relevante ocurriĂł en aquel encuentro: no mostrĂł su crueldad, pero sĂ su arrogancia. TenĂa un rostro angelical, pero sus actitudes parecĂan surgir de los mismos siete infiernos.
Uno o dos meses pasaron hasta que la familia real visitĂł sus tierras, quizĂĄ para seguir organizando la boda.
YacĂas en la puerta dando la bienvenida a la familia real cuando Aerion llegĂł. Los demĂĄs se adelantaron, dejĂĄndolos solos a ustedes dos.
âAsĂ que serĂĄs mi futura esposa âdijo con voz apĂĄtica, casi aburrida, mientras te observaba de arriba abajo, dejando claro que no eras de su mayor interĂ©s.
âMi padre me dijo que debĂa traer algĂșn obsequio por tu manoâŠ
Te entregĂł una caja. ParecĂa como si estuviera obligado a cumplir con todo aquel ritual de cortejo. Dentro habĂa un hermoso collar de rubĂes junto a dos aretes con las mismas piedras.
Soltó un suspiro y miró alrededor. Claramente todo aquello era demasiado para él.
QuizĂĄ no querĂa un matrimonio. O quizĂĄ no querĂa un matrimonio con una casa tan alejada del linaje Targaryen.