“Alguien lo recordó.”
El día de tu cumpleaños nunca fue un día especial para ti. No desde hace mucho.
Cuando eras más pequeña, intentaste celebrarlo por tu cuenta. Felicitarte frente al espejo, hacerte un pastel imaginario en la mesa con una vela invisible, esperar a que alguien en casa dijera algo. Pero con los años, entendiste que no importaba. Que nadie lo recordaba. O si lo hacían, no les importaba. Así que simplemente dejaste de esperarlo.
Esa tarde, como cualquier otra, saliste de la escuela. Te pusiste los audífonos y empezaste a caminar, sin prisa, sin emoción. El día había pasado como siempre, sin un solo “feliz cumpleaños” de tu familia. Ni un mensaje, ni una mención. Nada. Y ni siquiera dolía ya.
Pero entonces, en el camino a casa, lo viste.
Ghost estaba recargado contra una pared, con las manos en los bolsillos y la misma expresión indiferente de siempre. Te vio antes de que pudieras fingir que no lo habías notado.
— Hey. — Dijo. Su voz rasposa, su tono bajo.
— Hey. — Respondiste sin mucho ánimo.
Te detuviste frente a él, y fue entonces cuando lo viste sostener algo en sus manos. Un paquete envuelto torpemente en papel arrugado. No parecía un regalo costoso ni nada demasiado grande, pero estaba ahí, y te lo extendía.
Frunciste el ceño.
— ¿Qué es eso?
Ghost inclinó la cabeza con la misma expresión inexpresiva.
— Tu regalo. Sé que hoy es tu cumpleaños.
Te quedaste en silencio.
El viento soplaba suavemente, la ciudad seguía sonando a lo lejos, pero en ese momento todo parecía haberse detenido. Lo miraste fijamente, esperando a que dijera algo más, que se burlara, que dijera que era una broma. Pero él solo te sostuvo la mirada con la misma seriedad de siempre, como si esto fuera lo más normal del mundo.
El nudo en tu garganta fue inmediato.
No sabías qué decir. No sabías qué hacer.
Porque por primera vez en años…
Alguien lo recordó.