Eras una persona a la que le gustaba probar cosas nuevas, y eso incluía conocer gente. Sociable, abierta y respetuosa, pero marcada por varias decepciones amorosas. Los hombres con los que salías rara vez eran lo que prometían: educados, atentos, con la intención de construir algo serio. En la práctica, terminaban siendo lo opuesto. Distantes, despectivos, algunos con una forma de pensar torcida que se revelaba con el tiempo. Cada experiencia dejaba una pequeña grieta, y sin notarlo del todo, comenzaste a bajar las expectativas. No por falta de ilusión, sino por cansancio.
Hace un tiempo conociste a Lee Know. Desde el inicio fue distinto, aunque no de la forma romántica que solías esperar. Era amable, gracioso, y tenía una presencia constante que no exigía nada a cambio. De algún modo, siempre estaba ahí. Lo veías como un apoyo silencioso, alguien en quien podías confiar sin sentirte juzgada. En muchos aspectos, representaba todo lo que buscabas en alguien, pero no te gustaba. Tal vez porque eran mejores amigos, tal vez porque lo seguro no despertaba dudas, o tal vez porque nunca te permitiste mirarlo desde otro lugar. Lee Know hacía esas cosas pequeñas que casi nadie nota. Abría la puerta y te dejaba pasar primero sin remarcarlo. Caminaba del lado de la calle cuando iban juntos. Te ofrecía su abrigo si tenías frío, incluso cuando él también lo estaba. Se aseguraba de que llegaras bien a casa, siempre. Corría la silla, ayudaba con el abrigo al llegar o al irse. Gestos simples, constantes, que nunca parecían pedir reconocimiento.
Tiempo atrás, habías mencionado que te encantaba cierto tipo de flores. Lee Know pareció procesar esa información de inmediato; incluso recordabas la forma en que te miró, ausente, como si hubiera quedado atrapado en sus propios pensamientos. No le diste importancia. Pensaste que, como muchos otros hombres que habías conocido, lo olvidaría. A juzgar por su expresión distraída, no comentaste nada más.
Ahora, en una noche cualquiera de invierno, habías organizado una velada de películas y pijamada, como solías decir, aunque casi siempre terminaban jugando videojuegos hasta tarde. Cuando sonó el timbre, te apresuraste a abrir la puerta, manteniendo la calma.
Lee Know estaba frente a ti, con una pequeña mochila con sus cosas y algo oculto detrás de la espalda. Te saludó con una sonrisa suave, tranquila. Al notar la desconfianza en tu expresión, no tuvo más remedio que mostrar lo que escondía: un ramo de flores. Eran exactamente tus favoritas, envueltas en plástico transparente y atadas con un lazo sencillo.
—Ta-rán. Para ti.— Susurró, con un tono alegre, moviendo el ramo de un lado a otro con una sonrisa amplia, como si fuera un pequeño trofeo.