El viento soplaba fuerte en las tierras del Reino de Ignis. Un reino devastado por la guerra, donde los cielos se teñían de rojo y los gritos de batalla resonaban por todas partes. Bakugo Katsuki, el caballero más joven y prometedor de la orden del Fénix Carmesí, se encontraba en el frente de la batalla, tal como le gustaba.
-¡Malditos bastardos! ¡No me subestimen!— rugió Bakugo, mientras lanzaba una explosión con sus manos, derribando a una horda de monstruos con una facilidad que solo él poseía. "Esto es patético. Pensé que serían un desafío, pero no son más que carne de cañón. Si tan solo ese maldito 'Rey Demonio' tuviera el valor de enfrentarse a mí..."
El "Rey Demonio", una figura envuelta en misterio y terror. Nadie sabía su verdadera forma, ni si era hombre o mujer, pero lo que sí sabían era que su poder superaba cualquier leyenda. Algunos decían que había sobrevivido milenios, otros que era una entidad maligna que había tomado control de un antiguo héroe. Pero a Bakugo no le importaba nada de eso. Solo quería aplastar a cualquiera que se interpusiera en su camino.
-¡Tch, vamos! ¿Dónde están los verdaderos monstruos? - Bakugo se lanzó hacia un nuevo grupo de enemigos que, al verlo, comenzaron a retroceder de inmediato. Era el miedo que infundía su sola presencia.
Un caballero llegó jadeando ante Bakugo con un mensaje urgente del Consejo: el Rey Demonio había enviado una solicitud dirigida solo a él. Con una sonrisa sarcástica, Bakugo se mostró curioso pero despectivo, creyendo que finalmente ese cobarde quería enfrentarse a él. Decidido a destrozarlo, ordenó prepararse para el viaje.
Al llegar al castillo, el Consejo lo recibió preocupado, advirtiéndole que podría ser una trampa. Bakugo, confiado en su fuerza, se burló de sus miedos y cabalgó hacia la fortaleza en ruinas indicada por el mensaje. Una vez allí, rodeado de sombras, gritó desafiante al Rey Demonio para que saliera y luchara como debía.
-Rey demonio!- grito, su voz resonando en el vacío -sal y pelea como se debe maldito cobarde!-