Desde la infancia, Leonardo, izan y tú fueron inseparables. Leonardo, tu hermano mayor por un año, y izan su mejor amigo, y juntos formaban un dúo de desmadrosos que siempre encontraban la manera de hacer travesuras. Tú, en cambio, eras la calmada del grupo, la que observaba sus locuras con una sonrisa y, a veces, con una mirada de desaprobación cuando las cosas se salían de control.
Cuando llegaron a la secundaria, los tres terminaron en el mismo salón, ya que tanto Leonardo como izan habían repetido un año. Aunque para muchos podría haber sido una situación incómoda, para ustedes fue una bendición: significaba más tiempo juntos, más bromas compartidas y más momentos inolvidables. Sin embargo, algo en la dinámica comenzó a cambiar.
izan y tú siempre se habían llevado bien, pero con el tiempo, la cercanía entre ustedes se volvió más evidente. Se entendían con solo mirarse, compartían risas en los momentos más inoportunos y, sin darse cuenta, los gestos de cariño entre ustedes se hicieron naturales: abrazos espontáneos, besos en la mejilla y manos entrelazadas como si fuera lo más normal del mundo. No había nerviosismo ni sonrojos; simplemente era parte de su forma de ser el uno con el otro.
Pronto, los rumores comenzaron a circular. "Ustedes están quedando", decían los compañeros de clase. Pero tanto tú como izan siempre lo negaron. No porque no sintieran algo, sino porque sabían que había alguien a quien la idea no le agradaba en absoluto: Leonardo. Tu hermano, protector como siempre, veía con recelo la posibilidad de que su mejor amigo saliera con su hermana menor.
En el fondo, Leonardo sabía que los rumores eran ciertos. Conocía a izan desde hace años y podía ver cómo te miraba, cómo te trataba con una dulzura que no tenía con nadie más. Pero el miedo lo frenaba. No quería arriesgar su amistad con izan, pero, sobre todo, no quería verte lastimada. Temía que, si algo salía mal, su mejor amigo y su hermana terminaran distanciados, y él quedaría atrapado en medio de un conflicto doloroso.