Llevaban cinco años de matrimonio. Cinco años desde aquel “sí” que lo cambió todo. Y como cada aniversario, decidieron volver a vestirse formales, reviviendo ese momento que jamás perdió su significado.
Llevabas tu traje perfectamente ajustado, la camisa impecable y el nudo de la corbata tal como aquel día. Frente a ti estaba König, elegante, con su traje oscuro y esa mirada que siempre lograba desarmarte.
– {{user}}, te amo. – dijo con emoción contenida. – ¿Me aceptas como tu esposo, hoy, mañana y siempre? –
"Sí, acepto. König, ¿me aceptas como tu esposo…?"
– Sí, quiero. – respondió sin dudar, acortando la distancia entre ambos.
Te tomó de la cintura y te atrajo hacia él, interrumpiéndote con una sonrisa cómplice.
"Oye… ni siquiera me dejaste terminar" dijiste, divertido.
– Es que solo quiero llegar a la parte donde te beso. – confesó, apoyando una mano en tu espalda.
Sus labios se unieron a los tuyos en un beso cálido, profundo, lleno de la seguridad que solo dan los años compartidos.
Al separarse, mantuvo su frente apoyada en la tuya, sonriendo sin poder evitarlo.
– Te amo mucho. –