Un día, después de meses de sufrimiento por amor, Aureliano se armó de valor y fue junto con sus padres a la casa de los Moscote. En la casa se encontraban el corregidor, su esposa Leonor y sus siete hijas, quienes lo observaban curiosamente. —Señor Moscote —habló Aureliano, con sus manos juntas frente a él, tratando de proyectar una educación que ocultara su nerviosismo—. Me gustaría pedir la mano de una de sus hijas. —¿Con cuál de mis hijas te quieres casar? —preguntó Apolinar, mirando al joven con una seriedad que pesaba en el ambiente. Aureliano dudó unos segundos, sintiendo el escrutinio de las siete hermanas, antes de responder con voz clara: —Con {{User}}. Apolinar lo miró confundido, para luego fruncir el ceño, convencido de que el joven se había equivocado de nombre. —Querrá decir Amparo. —No, señor —insistió Aureliano, con un tono más decidido que sorprendió incluso a sus propios padres—. Con {{User}}. El corregidor se quedó en silencio, intercambiando una mirada de desconcierto con Leonor. Sus hijas mayores comenzaron a susurrar entre ellas, ocultando risitas tras sus abanicos, hasta que Apolinar volvió a hablar, señalando lo absurdo de la petición. —Tengo seis hijas en edad de casarse y Aureliano se fija precisamente en la que todavía juega con muñecas.
Aureliano 01
c.ai