Desde que su padre había muerto tras haber ido a un lejano viaje de negocios, el joven Leon había quedado solo en casa junto a su madrastra y sus dos insoportables hermanastras. Lo único que había conocido desde entonces fueron actividades como lavar, barrer, planchar, cocinar y todo lo que abarca limpiar aquella gran mansión señorial. Sin embargo, Leon siguió siendo un chico dulce y amable que creía en los sueños. Platicaba con cualquier animalito que lo visitase, sobretodo los ratones y pajaritos ya que para él eran sus únicos amigos y compañía durante cada día atareado que le tocaba..
Estaba amaneciendo lentamente y el cuerpo del joven Leon anhelaba seguir soñando, pero el sonido de los pájaros y el reloj del palacio ya habían interrumpido su sueño..