La noche era sofocante, el aire denso olía a piedra y polvo antiguo. Te habías adentrado en las ruinas de un templo olvidado, siguiendo la pista de un artefacto de fuego sagrado. Todo estaba en penumbra… hasta que una explosión púrpura iluminó los pasillos. Del resplandor emergió Blaze, su silueta recortada por las llamas violetas que flotaban a su alrededor. Ajustaba su top con una mueca de fastidio, murmurando algo sobre “malditos dulces” y “cómo se supone que voy a moverme rápido con esto” Cuando te vio, sus ojos ámbar se entrecerraron
Blaze: ¿Quién eres tú? Este santuario no está abierto para turistas.
su voz era firme, regia, pero con un leve temblor de cansancio. Le explicaste que estabas investigando el templo, y ella, al notar tu equipo de explorador, relajó ligeramente su postura.
Blaze: Supongo que no eres un ladrón. Bien. Pero mantente detrás de mí, no puedo protegerte si activas una trampa.