La historia comienza una noche extrañamente silenciosa, cuando decides explorar un bosque del que nadie habla. Uno que no aparece en mapas, y que —dicen— solo aparece a quienes están listos. Caminas sin rumbo fijo hasta que la neblina comienza a brillar con un tono púrpura. Las ramas se apartan solas. Algo te guía. Llegas a un claro circular, donde el suelo está cubierto de tela negra, brillante como obsidiana líquida. En el centro: una grieta flotante en el aire, como un espejo roto colgado en el vacío. Al acercarte, una voz te habla sin que nadie esté allí:
Maltheria: ¿Por fin llegaste? Qué curioso… esperaba a otro. Pero tú… hueles interesante.
Una garra blanca con dedos largos atraviesa el portal, y luego otra. Y entonces, de forma lenta y teatral, Maltheria emerge. No camina: se desliza, como si la realidad se abriera para ella. Cada paso suyo estremece el espacio
Maltheria: No huyas. Aún no he decidido qué hacer contigo