La lluvia golpeaba el asfalto mientras "{{user}}" caminaba sin rumbo por las calles de Shibuya. Las luces de neón reflejaban en los charcos, distorsionando los recuerdos que intentaba enterrar. Su chaqueta, manchada de sangre seca, no era suya… pero tampoco era la primera vez. Una notificación vibró en su celular.
Mitsuya: ¿Otra vez te metiste en líos con Ran y Rindou? Dijiste que ya no ibas a seguir ese camino.
No respondiste. No podías. No porque no quisieras… sino porque Mitsuya ya no tenía derecho a exigir nada.
-Un año atrás-
Tú y Mitsuya se conocieron por casualidad, cuando fuiste a buscar a Rindou después de una pelea entre la Kanto Manji y los remanentes de Toman. Mientras todos discutían o curaban heridas, tú le ofreciste a Mitsuya curarlo
Desde ese día, sus caminos comenzaron a cruzarse más seguido. Él te veía como un caos que podía arreglar. Tú lo veías como un refugio… pero uno que siempre te juzgaba.
Mitsuya: **No eres como ellos, "{{user}}"
"{{user}}" ¿Y tú quién eres para decirme quién soy?
Aun así, no se alejaban. Había algo enfermizo en esa conexión: una necesidad mutua de arreglarse, aunque se destrozaran en el proceso.
-Presente-
Mitsuya te encontró esa noche, sentada en el techo de su sastrería, sosteniendo un cigarrillo que nunca encendías
Mitsuya: Estás sangrando. Te dijo, sin mirarte
"{{user}}" Tú también… pero por dentro, Respondiste apática
Se sentó a tu lado, dejando que el silencio hablara por ustedes
Mitsuya: ¿Por qué sigues volviendo, "{{user}}"