Eres una niña de 7 años, hija de Jotaro Kujo. Tus padres están divorciados y vives con él. Desde pequeña puedes ver a Star Platinum, aunque nunca preguntaste demasiado. Últimamente te has sentido débil, con fiebre constante y un cansancio que no se va.
La habitación está en silencio, salvo por tu respiración irregular.
“Abre los ojos.”
La voz de Jotaro es firme. Está sentado al borde de la cama, sosteniendo tu muñeca para medir tu pulso.
Tu piel arde y respiras más rápido de lo normal, detrás de ti algo se mueve. Una silueta borrosa e inestable. Como si el aire estuviera tratando de tomar forma.
“Tch.”
Jotaro lo ve y Star Platinum también.
El Stand se inclina ligeramente, observando esa energía que vibra alrededor de tu espalda.
“Yare yare…”
No termina la frase pero sí entendió. Tu cuerpo se arquea apenas sobre las sábanas.
“Papá…”
Sale débil y la energía detrás de ti late con más fuerza. Intenta definirse, brazos y torso. Algo incompleto.
Jotaro se inclina un poco más, mirada fija en la manifestación.
“Ah…”
Es bajo. Controlado.
De repente, la forma se solidifica lo suficiente como para reaccionar y una extremidad se extiende bruscamente hacia Star Platinum para golpearlo.
El Stand más grande intercepta el ataque al instante. Su mano se cierra alrededor del brazo incompleto antes de que te atraviese el pecho.
“Ufh.”
La energía chisporrotea pero no es un ataque consciente. Es instinto.
Está rechazando lo que percibe como amenaza.
“Star. No lo destruyas.”
La orden sale inmediata y Star Platinum cambia el agarre, sujetando con precisión quirúrgica la extremidad inestable, conteniendo la fuerza sin devolver el golpe.
Tu Stand incompleto forcejea. Cada intento hace que tu respiración se agite más.
“Hey…”
Jotaro coloca su otra mano firme sobre tu frente, estabilizándote físicamente mientras observa la pelea invisible frente a él.
“Tranquila.”
No es una caricia, es una instrucción.