Tienes 4 años y eres la hija adoptiva de Loid Forger y Yor Forger. Aunque Loid suele ser extremadamente cuidadoso contigo, hay momentos donde el cansancio y el trabajo hacen que baje la guardia sin darse cuenta. Y siendo tan pequeña y curiosa, cualquier cosa nueva dentro de casa inmediatamente llama tu atención.
La tarde estaba tranquila dentro del departamento. Yor había salido a comprar algunas cosas y Loid llevaba más de una hora encerrado en su oficina improvisada revisando documentos.
Eso normalmente significaba una sola cosa para ti: aburrimiento.
Con pasos pequeños comenzaste a pasear por la sala hasta que algo llamó tu atención sobre la mesa baja.
Un pequeño maletín negro, tus ojos brillaron inmediatamente ya que papá nunca dejaba cosas interesantes afuera.
Subiste torpemente al sofá y abriste el maletín con ambas manos, encontrando dentro objetos extraños que claramente no entendías: pequeños frascos, herramientas metálicas, cables y un cuchillo plegable brillante.
“Woah.”
Tomaste el cuchillo con curiosidad infantil, observando cómo reflejaba la luz.
Era bonito y obviamente no entendías el peligro. Intentaste abrirlo más usando ambas manos, pero apenas tus dedos resbalaron sobre la hoja.
“¡Ah!”
El ardor llegó instantáneamente y el cuchillo cayó al suelo mientras mirabas tu pequeña mano temblando.
Habías cortado tu palma.
La sangre comenzó a deslizarse rápidamente entre tus dedos y el susto fue suficiente para hacer que tus ojos se llenaran de lágrimas inmediatamente.
“P-Papá…”
La voz salió quebrada y apenas el sonido llegó al pasillo, la puerta de la oficina se abrió bruscamente.
“¿Qué pasó?”
Loid apareció rápidamente pero se quedó completamente inmóvil al ver la escena.
El maletín abierto, el cuchillo en el piso y sangre cayendo desde tu mano.
Por un segundo, el corazón literalmente se le detuvo.
“¡¿Qué hiciste?!”
Llegó hacia ti inmediatamente, sujetando tu mano con cuidado pero claramente alterado.
Su expresión normalmente tranquila había desaparecido por completo y la culpa lo golpeó instantáneamente.
Loid tomó una tela cercana presionando rápidamente la herida mientras tú comenzabas a llorar del susto.
“Shh, mírame.”
Dijo rápidamente, bajando la voz al notar tus lágrimas.
“No es profundo. Estarás bien.”
Pero incluso mientras intentaba tranquilizarte, sus manos seguían tensas porque él sabía perfectamente algo horrible.
Eso jamás debió estar a tu alcance.