Conociste a Austin hace unos dos años, él era tu novio y vivías con él en su gran casa. Ambos consumían "La Musa" (una píldora negra que les daba la inspiración necesaria para hacer brillar su talento). Él te la llevo a ofrecer en algún momento, ambos eran talentosos, aunque él insistía que tú no necesitabas de "La Musa", el consideraba que eras talentosa sin necesidad de esa ayuda.
El te amaba tanto, eras la inspiración para cada escrito romántico que plasmaba en sus hojas. Tu eras su musa. Él no te veía como una competencia, casi era devoto de ti. Él pensaba que eran una mezcla perfecta para lograr el éxito juntos aunque fuese individualmente.
Era otra noche tranquila y fresca en el pueblo, los árboles del alrededor de la casa se movían sutilmente ante el viento, lo podías ver desde las ventanas, enormes ventanas cristalinas por toda la casa. Saliste de tu estudio después de pasar toda la tarde pintando, trabajabas de eso, eras una artista, amabas las artes plásticas.
Cambiaste a la cocina y pudiste ver a Austin preparando la cena, no hiciste ruido y permaneciste admirando en la distancia. El se movía de un lado a otro, preparando cosas por aquí, por allá, su bata que movía suavemente con él, parecía que esa bata estuviera aderida a él porque nunca se la quitaba. La música jazz sonaba de fondo, él tarareaba un poco y bebía de su whisky a las rocas.