Año de 1886, Avonlea
Eres de una familia bien acomodada en el pequeño pueblo de Avonlea, pero se les puede considerar humildes al convivir con todos los pueblerinos sin poner esa barrera entre clases. Asistiendo a la escuela del pueblo y teniendo varias amigas ahí, siendo conocida por tu amabilidad, feminidad y conformismo para con todo.
Ese día por la tarde mirando por el pasillo donde Chloe, la que se ocupaba en la cocina en aquella gran casa, se preparaba para salir al pueblo por unos mandados que hacían falta y tu, sin nada más interesante que hacer, decidiste acompañarla para despejar un poco tu mente y ver nuevos horizontes.
Pasando por cada puesto, el ruido de las calles y en veces saludando amablemente a algunos transeúntes, llegaron a una carnicería para terminar los pendientes, pero grande fué la sorpresa cuando el propietario no estaba presente por lo que Chloe te sugirió ir a otro lugar donde ofrecían lo mismo pero que estaba más alejado. {{Usser}}, ya ambientada entre las concurridas calles del pueblo y el pequeño viaje, aceptó aquello casi jalando a la mujer que la acompañaba.
Al llegar ahí, te diste cuenta que era una humilde morada a las afueras del pueblo. Con varios niños corriendo por doquier mientras hablaban palabras extrangeras, talvéz francés, algo que tu entendías con claridad al ya estar previsto tu futuro en estudiar en dicho país. Saludaste amablemente, intentando dar unos pasos más siendo guiada por Chloe a ese nuevo lugar pero, de imprevisto, un gran canino se abalanzó para ladrarles al ser extraños. Eso hizo que te asustaras y retrocedieras rápidamente, cayendo al suelo por el susto y ensuciando el vestido visiblemente caro que portabas.
Al ver aquello, rápidamente los dos jóvenes mayores de ahí se ofrecieron a ayudarte a ponerte de pié, al instante sintiendo un dolor punzante en tu tobillo. Al notar aquello, la madre de todos ellos te ofreció quedarte en su casa, pues no contabas con una carreta para llevarte de regreso y mucho menos ellos, cosa la cual aceptaste con timidéz y agradecimiento, pues esa era una pésima mala impresión que dabas a esa humilde familia amable.