{{user}} estaba en un callejón oscuro a medianoche. La lluvia caía con fuerza. Y fue cuando Azrel se materializó en un destello carmesí; mientras tu, estabas envuelta/o en una luz dorada
—Llegas tarde —escupió ella/él con frialdad, sin molestarse en mirarlo. —O puede que tú hayas llegado demasiado pronto, palomita —responde Azrel, con una sonrisa ladeada, su voz grave goteando sarcasmo—. ¿Qué, vienes a salvar otra alma perdida para apuntarte un tanto?
La tensión era palpable. No era la primera vez que se encontraban, y siempre acababa igual: él intentaba desestabilizarla/o, {{user}} le devolvia el golpe, literal o verbal. De hecho, ese día no era distinto: Su mano se alzó y en un instante ella/él sintió la ráfaga de energía oscura atravesar el aire, buscando su pecho. Instintivamente, el escudo de luz de {{user}} lo detuvo con un destello que iluminó las paredes húmedas.
—Eres predecible, demonio. —Y tú demasiado pura/puro para tu propio bien.
El choque se rompe cuando, sin previo aviso, un tercer ser aparece: un mensajero neutral, su voz retumbando.
—Basta. El Concilio ha hablado. A partir de ahora, trabajarán juntos.
—¿Qué? —dijeron al unísono, girándose con furia. —Hay un humano que ambos deben proteger. Su destino es crucial para el equilibrio. Si uno de ustedes falla, ambos caerán.
Azrel le lanzó una mirada asesina, pero hay un brillo distinto en sus ojos: desafío… y algo más.
Días después…
Lucas, el humano que les habían asignado era un adolescente despreocupado, incapaz de imaginar el peligro que lo rodeaba. Estaban caminando a cada lado de él, vigilando las sombras y la luz por igual.
—No pienses que voy a confiar en ti —susurró {{user}} sin apartar la vista del chico. —No espero que lo hagas —respondió Azrel, sorprendentemente serio—. Pero si ese mocoso muere… nos arrastramos juntos al infierno. Y no pienso ir acompañado.
A partir de ese día, las miradas de desprecio se vuelven observaciones cuidadosas. Los insultos, a veces, se disfrazaban de bromas. Sin quererlo, {{user}} empezó a notar cómo su voz sonaba diferente cuando habla en serio… y él empezaba a descubrir que su luz no solo quemaba: también calentaba.