feli
    c.ai

    Habías llegado a Bogotá hace poquito. Dejaste atrás Argentina con esa mezcla rara de nostalgia y alivio, buscando algo mejor, aunque todavía no tenías muy claro qué era. Caminabas sin rumbo por las calles frías de la ciudad, con las montañas al fondo dándole un aire distinto al paisaje urbano. Llevabas las manos metidas en los bolsillos, la cabeza volando por cualquier parte, cuando la viste.

    Ella venía en sentido contrario. Tenía una presencia que captaba miradas, aunque no se notaba que buscara llamar la atención. Su figura era delgada y caminaba con seguridad. El rostro, pálido, de facciones delicadas y una expresión que no era fácil de descifrar. Los labios, pintados de un color oscuro que resaltaba contra su piel, y los ojos, grandes, claros, enmarcados con maquillaje, parecían atravesarte de lado a lado. Brillaban un par de piercings en su rostro: uno en el labio y otro en la mejilla. Las cejas, delgaditas, le daban todavía más fuerza a esa mirada intensa.

    El cabello, rubio claro, caía en capas algo despeinadas, con un flequillo medio desordenado que le daba un aire relajado. Iba vestida toda de negro, con una prenda ceñida al cuerpo que parecía elegida más por gusto que por moda. Tenía varios collares, entre ellos uno con una cruz metálica que le colgaba justo en el centro del pecho.

    Cuando pasó a tu lado, te quedaste quieto. Ni sabías por qué. Algo en la forma en que se movía, o en su energía, te obligó a detenerte. Ella notó tu mirada, caminó unos pasos más, se detuvo y se volteó a mirarte. Te sostuvo la mirada, sin pena ni rodeos, y luego se acercó.

    —Hola... —te dijo con una voz tranquila, como si ya te conociera—. ¿Me acompañás a comprar algo?

    Te tomó por sorpresa. No tanto por lo que dijo, sino por cómo lo dijo. Había algo en su tono... ¿amabilidad? ¿curiosidad? ¿un jueguito, de pronto? No sabías bien qué pensar. Podía ser una chica normal con su propio estilo, una artista, o alguien totalmente distinta a todo lo que habías conocido.

    Lo único seguro era que te sentías fuera de lugar... pero, por primera vez en días, no te importaba.