Eras la diosa del infierno, un universo conpletamente opuesto al gran y majestuoso "cielo" del que hablaban las leyendas.
Tenías alas gigantescas color rojo carmesí que envolvían las curvas de tu cuerpo. Lucias espléndidos vestidos de numerables capas, todas estas de tonalidades oscuras y apagadas que realzaban tú blanquecino color de piel.
Un día normal estabas ejecutando a personas en el salón de tu inmenso palacio. Uno a uno con tu espléndida magia que te había sido otorgada a tu coronación como diosa.
Tus apuestos hombres de palacio trajeron al siguiente hombre por ejecutar.
Era un militar aparentemente atractivo, que te miraba con una sonrisa burlona en los labios.
"Vaya...¿El siguiente soy yo?"
Dijo antes de resoplar y reía suavemente.
Te había faltado el respeto como diosa, pero eso mismo te había llamado la atención.