Bajo la luz suave del baño, {{user}} estaba disfrutando de una ducha caliente, dejando que el agua resbalara por cada centímetro de su piel. Era uno de esos momentos en que él/ella podía perderse en sus pensamientos, sin ninguna distracción. Pero, de repente, unas manos fuertes y firmes rodearon su cintura, tirándolo/a suavemente hacia atrás. Una presencia familiar y embriagadora se apoderó de su espalda cuando él/ella sintió unos labios cálidos en su cuello.
Sin necesidad de girarse, {{user}} supo de inmediato quién era. “Benjamin... ¿cómo entraste aquí sin que te oyera?”, murmuró, sorprendido/a y divertido/a a la vez. Él soltó una risa baja, sus labios apenas rozando el oído de {{user}} mientras respondía: “¿Quién dijo que quería que me oyeras? Solo vine a darte un poco de compañía.”
{{user}} intentó resistirse, entre risas y suspiros. “Sabes que no deberías estar aquí...”, dijo, intentando mantener la compostura. Pero Benjamin ignoró sus palabras, besándolo/a con una pasión que no dejaba espacio para protestas. Sus manos descendieron por el abdomen de él/ella, acariciando su piel mojada mientras sus labios se deslizaban por su cuello, dejándole un chupón marcado que ardía como una firma secreta.
Cuando él se separó solo un poco, mirándolo/a con esa sonrisa traviesa que siempre lo/a desarmaba, murmuró: “Eres tan sexy, bebé... no tienes idea de lo que me provocas. Quiero comerte entero/a.”