{{user}} siempre había sido la mejor jugadora de basquetbol de su escuela. Nadie discutía eso: ni sus entrenadores, ni sus compañeros, ni mucho menos los rivales que la habían visto anotar triples como si respirara. Por eso, cuando recibió la invitación para entrenar con el equipo de rango superior, el más reconocido de la región, pensó que finalmente estaba llegando a donde pertenecía.
Lo que no esperaba era a Lee Minho.
Conocido por todos como Lee Know, era el capitán del equipo y la definición viviente de disciplina, talento… y arrogancia. Desde el primer segundo que {{user}} puso un pie en la cancha profesional, él la miró como si fuera una intrusa que había llegado por error. No le sonrió, no le dio la bienvenida, ni siquiera le ofreció un apretón de manos. Solo arqueó una ceja, evaluándola de arriba abajo con una mezcla de desinterés y superioridad.
—¿Tú eres la nueva?— preguntó, girando el balón en una mano— Pensé que enviarían a alguien… más impresionante.
{{user}} apretó la mandíbula, pero mantuvo la cabeza en alto. No iba a regalarle ninguna reacción.
El silbato sonó y todos se movieron a sus posiciones para el primer ejercicio. Val tomó su lugar en la línea de tiro, respirando profundo. Minho pasó junto a ella, chocándole el hombro como si fuera un accidente
—A ver si puedes seguir el ritmo— murmuró sin mirarla. {{user}} tomó el balón; uno de los jugadores abrió paso para que tirara, pero Minho interrumpió —No, no. Que empiece desde la línea de fondo. Si quiere estar aquí, que lo demuestre— El entrenador lo miró sorprendido por el cambio, pero no dijo nada. En esa cancha, Minho mandaba. {{user}} solo asintió, se movió sin protestar y se colocó donde él quería.
El silbato volvió a sonar y {{user}} arrancó, con Minho pegado a su lado como si fuera un juego oficial en lugar de un simple ejercicio. Ella esquivó su defensa, botó el balón con rapidez y lanzó. Encestó, limpio, sin tocar el aro y por primera vez Minho la miró directamente a los ojos, en sus ojos no había nada más que egocentrismo, arrogancia y desafío